Hoy solo he tropezado 5 veces

Quizás es una afirmación exagerada pero párate y dedícate unos minutos a reflexionar sobre el significado de este enunciado.

Es un buen ejemplo de falta total de dedicar más tiempo a uno mismo y sobretodo de cómo utilizamos el cuerpo en nuestra vida cotidiana. Cuando aprendemos a observar el movimiento corporal y su potencial, de repente se abre un mundo interesante y ante todo útil y funcional. Si prestásemos más atención al movimiento, o mejor dicho, a nuestro movimiento, nos daríamos cuenta de que muchas de las cosas que hacemos,  las realizamos con demasiado esfuerzo, con lo que se reduce automáticamente su efectividad, con un exceso de gasto energético.

La propuesta es muy sencilla, ralenticemos ciertos movimientos y actitudes, e intentemos que nuestros gestos sean más propios y más personales, con nuestra manera de ser, con nuestra firma.

Sólo observando cómo andamos ya se podrían sacar muchas conclusiones. Cómo nos sentamos, cómo nos levantamos, cómo nos movemos en un supermercado lleno de obstáculos, cómo los sorteamos y un largo etcétera de situaciones diarias, donde tropezamos una y otra vez… basta ya. La atención es una actitud que debemos mejorar, corregir y aumentar solamente estando más atentos. Muchas cosas podrían cambiar y sobretodo, el estado de uno se volvería más presente y con más presencia. Con el objetivo final de realizar las cosas con facilidad, rechazando de una manera inconsciente, todo aquello que dificulte y entorpezca cualquier actividad diaria.

Conocer el funcionamiento racional del cuerpo, con sus articulaciones y su correspondiente musculatura, es sin duda un reto y una obligación. Muchas lesiones no se producirían y el cuerpo nos agradecería estos momentos de atención.

Piensa en ello, simplemente esto ya es cuestión de actitud.

Aprendiendo a aprender

Conocer el cuerpo es un objetivo imprescindible para poder desarrollar el potencial de uno mismo.

Muchas lesiones se producen por falta de atención en nuestros movimientos cotidianos. El hecho de no prestar la suficiente atención al cómo realizamos determinados movimientos y acciones, que se repiten constantemente a lo largo del día, nos pueden llevar a lesiones innecesarias y sobretodo, evitables.

Por ello, se hace necesario el desarrollo de un método preventivo que nos enseñe la importancia de una observación precisa del movimiento del cuerpo humano.

El cuerpo nos pide más atención y libertad de movimientos, para poder desarrollar con conciencia y calidad el repertorio de nuestros gestos cotidianos.

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El movimiento como vehículo de conocimiento

Pienso luego me muevo

Conocer nuestro cuerpo y la manera cómo lo utilizamos es un buen punto de partida para darnos cuenta de que aun estamos lejos de aplicar lo que es obvio. Desconocer nuestro cuerpo es maltratarlo. Es asumir conductas perjudiciales que nos hacen el día a día más difícil, más perjudicial para nuestro elemento motor.

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El sentido de la atención

La atención puede definirse de numerosas maneras, aquí se entiende como la capacidad de ser conscientes de cómo conducimos, cómo respiramos, cómo caminamos, cómo damos la mano, y un largo etc que se resume en captar el cómo de todos nuestros actos cotidianos.

En nuestra educación, se ha dejado de lado un aspecto primordial y esencial para minimizar lesiones musculares, para prevenir un desgaste excesivo de articulaciones, en definitiva, no nos han enseñado a tener preocupación por nuestra posesión más vital: nuestro cuerpo.

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La prisa, cuestión de atención y actitud

¿Prisa? Sí, estoy inmerso en ella y y el entorno me lleva a no poder parar.

Y lo sé… Me doy cuenta de ello, pero no sé cómo parar…

Todo cambio requiere una reflexión: debemos parar un momento nuestra actividad para poder dar un sentido productivo y sobretodo, dar tiempo y permitir que nuestros valores se manifiesten. Tiempo y velocidad no son lo mismo. El tiempo tiene dos partes: reunir fuerzas mediante la lentitud y avanzar luego con decisión.

Un paso atrás, dos hacia delante. La precipitación nos ciega y es dañina. Para alcanzar claridad sobre lo que de verdad queremos, tenemos que reducir la velocidad de nuestros procesos de decisión.  Necesitamos más tiempo para pensar en todas las consecuencias de nuestras decisiones.

Todo tiene su tiempo y su tempo.

Gestionar el sentimiento de avanzar, y de parar un momento en nuestras vidas, simplemente para dar lo mejor de nosotros,  es un ejercicio  que puede , y debe aprenderse. Es adoptar una actitud para combatir las consecuencias que produce un constante ritmo acelerado de vida.